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  La política, la verdad y otras cuestiones molestas   En estos tiempos que estamos viviendo en los que en el parlamento español se exhibe una vergonzante convivencia y connivencia con la mentira sería bueno recordar algunas cuestiones con respecto a lo que es un bien en sí mismo: la verdad. La verdad, ese concepto que, para una parte de la izquierda —sí, esa que se arroga de manera arbitraria el calificativo de progresista— no es más que un prejuicio burgués, un denostable resto de humanismo cristiano que conviene desterrar pues lo importante, lo realmente importante, no es emitir mensajes que se ajuste a la justicia, a lo verdadero, si no, más bien elaborar discursos apegados a la filiación emotiva. Critica Sócrates en “Gorgias” —y a este no creo que podamos etiquetarlo de ser de derechas ni de estar sometido a los prejuicios del humanismo cristiano— «a los políticos que buscan el placer y el poder en lugar de la verdad, aunque esta resulte incómoda». Como tampoco es ajeno s...

Caldo de Navidad. Parte II

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  Caldo de Navidad. Parte II Ahora que las cocinas bullen silenciosas y humeantes, y cuando los ritos culinarios se apoderan de nuestros sentidos, es cuando acuden a mi cabeza, de manera irremediable e inapelable, tantas otras mañanas de vísperas. Son mañanas de prisas por dejar el caldo terminado, cuidar el aliño del pavo o darle un nuevo vistazo a ese limoncello que dejamos macerando a tiempo lento.   Tiempo lento. Es esta del veinticuatro de diciembre una mañana donde el tiempo se resiste a pasar y queda detenido en los arcanos de nuestros recuerdos. Se desliza perezoso y lábil como un daliniano diapasón abandonado de Chronos. Sus agujas oscilan adelante y atrás hurgando en nuestras heridas vitales. Son esas heridas que creemos cerradas pero que, como en el tiempo húmedo o en los avisos de las tormentas vuelven con su resquemor para recordarnos que están ahí, y que nos acompañarán de por vida. Tiempo lento, digo, el que se aferra a nuestros corazones inmisericorde. Es una m...

Y la ficción sobrevoló el aula 216

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No hace muchas semanas, en la vetusta, incómoda, inadecuada, pero venerable aula 216 de la Facultad de Filología de Sevilla, quien les escribe tuvo el agradecido privilegio de asistir a una de las clases magistrales del catedrático de Literatura Española de la Universidad de Sevilla, Don Juan Montero Delgado. Durante un delicioso, y ya siempre entrañable cuatrimestre, sus alumnos hemos tenido el enorme placer de disfrutar de un tiempo aparte, de una verdadera ínsula privilegiada, en la que este profesor, en toda la integridad de la palabra, ha venido a hablarnos con la indeleble e imborrable voz de otro Don, este Miguel de Cervantes Saavedra. Apenas han sido cuatro meses y medio, durante los cuales el profesor Montero nos ha ayudado, primero a situarnos en las circunstancias vitales del genio humanista de Alcalá de Henares —bendita seas siempre por haber dado a luz a este faro del humanismo—, al tiempo que hacía un somero pero profundo recorrido por la obra de Don Miguel. Desde los pro...

Conociendo a Forrester

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Conociendo a Forrester. El político y la desconexión de la sociedad. Hace pocos días he vuelto a ver la poco conocida, y para mi gusto poco valorada, película de nuestro añorado Sean Connery, y un enorme Ron Brown en el papel de Jamal. Un largometraje que guarda algunas claves esenciales del concepto de excelencia alejado de argumentos elitistas pues no está, en modo alguno, relacionado con la clase social, ni con la posición económica, ni tan siquiera con la preeminencia o posesión de un cargo político. Por fortuna, el concepto de excelencia, sea en el arte, las ciencias, las humanidades o incluso en la política —si, también en la política– no es patrimonio heredado ni heredable. Por contra, es un sello, un carisma particular de aquellas personas que, preocupadas por alcanzar un grado más de calidad en aquello que hacen, dedican un día y otro, una semana tras otra, y así a lo largo de sus existencias, a avanzar un paso más, por pequeño que sea, hacia la mejora de aquello que han conve...
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El caldo de la Navidad: felicidad líquida. Ha transcurrido, otro año más, la Noche de Navidad, y todos hemos sentido en uno u otro momento ese peso de nostalgia de las Navidades pasadas, por todo lo que ya pasó y no volverá. Personalmente siempre me enfrento a estos días intentando capturar esa pequeña magia de los momentos compartidos. Son mi familia y mis amigos, valiosos surtidores de una felicidad inaprensible, quienes año tras año está presentes en mis pensamientos en estos momentos tan dulces, tan amargos, tan esperados, tan temidos.  Son días en los que, a quienes nos gusta la cocina, nos afanamos en elaborar con esmero esa pequeña sorpresa gastronómica que hará las delicias que nuestra seres queridos. No es importante, ni siquiera relevante, el mayor o menor precio de los ingredientes del plato dedicado a esa Noche de las Noches, pues los más humildes de ellos, combinados con sabiduría y mucho, mucho amor, pueden arrastrarnos a una noche de complicidad, d...

Libros gratuitos ¿para todos?

Os resumo mi opinión sobre el tema libros: es pura demagogia. Lo explicaría más extensamente pero en esencia deja ver la incultura de este país. Creo que estaría muy un sistema bono-libros que de acceso al libro escolar a familias de baja renta o desfavorecidas, pero ignoro porque razón tengo que pagarle yo los libros a la familia que tiene 4 inmuebles en propiedad, dos buenos sueldos entrando en la casa y una situación desahogada. Sin embargo, esos padres que se quejan del precio de los libros no están bien informados del tremendo coste y esfuerzo que contiene ese bloque de papel impreso que tienen entre las manos. Autores, ilustradores, maquetadores, impresores... os aseguro que es un esfuerzo tremendo. Además las editoriales de este país tienen que bregar con tropecientas versiones del mismo libro dependiendo de la gilipoyez que quiera modificar cada autonomía, por no hablar de que los vaivenes de los planes educativos de los alternativos gobiernos les impiden amortizar una edici...
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El camino de la vida. Estas noches de verano, pero de verano de verdad, cuando aprieta el Lorenzo aprieta de firme, y crees al abrir la puerta que te has dejado el horno encendido, son las ideales para conciliar el sueño, de puro agotamiento con la lectura de un buen libro, a ser posible un viejo conocido. No se si hablo por mi propia querencia, o bien, a algunos de vosotros os ocurre como a mi, que releer, volver a leer un libro que leímos anteriormente, si el escrito lo vale, tiene un plus, un añadido de reconocimiento, de algo conocido que aprendimos a amar, puede que hacer largo tiempo. Como digo hace pocas noches cayó de nuevo en mis manos una vieja edición de El camino, del maestro Delibes. Una edición de Ediciones Destino, sin duda barata, una de esas ediciones en rústica, pero con una portada de diseño meritorio. Al menos a mi, así me lo parece. El papel, es barato, de estos que apenas en un lustro amarillean, y en cuatro décadas, que son las que aguanta el volumen y...